MesaColombiana
Plato principalPacífico Nariñense

Tamal de chigua

Tamal de masa de chigua añejada y maíz curado, cocinado en leche de coco con costilla ahumada de cerdo y refrito del Pacífico, envuelto en hoja de plátano.

Preparación
—
Cocción
2 h
Rinde
4 porciones
Ilustración del tipo de plato y del territorio. Esta receta aún no tiene fotografía propia.

Preparación

El tamal de chigua es un plato único de la región Pacífica, pensado para acompañar largas jornadas de pesca y minería. Integra en una sola envoltura la proteína (costilla de cerdo ahumada), los carbohidratos (masa de chigua y maíz) y los vegetales del refrito. Esta versión sigue la receta transmitida por tres generaciones de una familia del Pacífico Nariñense, ganadora del Premio Nacional a las Cocinas Tradicionales Colombianas en 2013.

  1. Paso 1. 3 a 5 días

    Añejar la chigua: partir la mazorca, sacar las pepas, golpearlas suavemente con una piedra para extraer la nuez, sumergirla en agua entre 3 y 5 días cambiando el agua a diario; luego molerla junto con el maíz curado.

  2. Paso 2.

    Cortar la costilla ahumada de cerdo en trozos pequeños, agregar una taza de refrito y una taza de leche de coco, y cocinar; reservar.

  3. Paso 3. 15 minutos

    Revolver la masa de chigua y maíz con una taza de refrito, luego cocinar esta masa con las dos tazas de leche restantes y el caldo de las costillas por 15 minutos, agregando al final el cimarrón (chillangua) picado.

  4. Paso 4.

    Sobre las hojas de plátano soasadas, colocar una cucharadita de refrito, extender la masa, disponer encima los trozos de costilla ahumada y otra cucharadita de refrito sobre la costilla.

  5. Paso 5.

    Cerrar las hojas doblando los extremos hacia dentro como si fuera un regalo, amarrar firmemente con los cinchos o chumbes asegurando que no se abran durante la cocción prolongada.

  6. Paso 6.

    Cocinar los tamales en agua con sal que los cubra completamente, manteniendo hervor constante hasta que la masa esté firme y cocida por dentro.

  7. Paso 7. 5 minutos

    Retirar los tamales del agua, dejar reposar unos minutos antes de desamarrar, y servir bañados con un poco de refrito, acompañados de arroz o plátano.

Historia y territorio

Masa compacta y suave hecha con nuez de chigua añejada y maíz curado, cocinada en leche espesa de coco junto al caldo de la costilla ahumada, perfumada con refrito del Pacífico y chillangua. Se rellena con trozos de costilla, se envuelve en hoja de plátano soasada, se amarra con cinchos y se hierve en agua con sal hasta que la masa queda firme por dentro. Un plato único que resume la cocina de azotea del Pacífico Nariñense.

El tamal de chigua es muy antiguo y formaba parte de las comidas diarias de los habitantes del Pacífico. Era plato único para las jornadas de pesca, minería y extracción de madera, mientras las mujeres se dedicaban a la lenta preparación de la receta. La chigua (Zamia chigua Seem) está en riesgo de desaparecer de las mesas por desconocimiento de su valor alimentario, y esta fórmula viene siendo preparada por tres generaciones de una familia del Pacífico Nariñense, reconocida con el Premio Nacional a las Cocinas Tradicionales Colombianas en la categoría Reproducción en 2013.

En el Pacífico, la chigua es un fruto autóctono que se procesa con paciencia: se añeja como el maíz durante varios días antes de convertirse en masa. El refrito del Pacífico, hecho con hierbas de azotea (chillangua, chirarán, oreganón, poleo) y aceite achotado, es la base de sabor de esta y otras preparaciones de la región, y su uso en el tamal de chigua refleja la cocina doméstica transmitida de generación en generación en comunidades como las del Pacífico Nariñense.

Grabado de un paisaje de la región PacíficoRegión PacíficoVer todas sus recetas →

Servir y conservar

Para servir

El tamal de chigua se sirve caliente, recién desamarrado, bañado con un poco más de refrito del Pacífico para reforzar el sabor. Tradicionalmente se acompaña con arroz blanco o plátano, siguiendo la lógica del plato único que llevaban los trabajadores del Pacífico a sus faenas de pesca y minería. No requiere guarniciones elaboradas: su fuerza está en la propia envoltura, que concentra proteína, carbohidrato y aromáticas en un solo bocado.

Para guardar

Los tamales cocidos deben guardarse en refrigeración y consumirse en los días siguientes a su preparación; para recalentar, se recomienda volver a hervirlos envueltos o al vapor hasta que estén bien calientes por dentro, evitando el microondas para no resecar la masa.

Variaciones y consejos

Fuentes consultadas

La investigación conserva sus fuentes por separado para que el relato sea legible y la trazabilidad, auditable.